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Thursday, 17 February 2011
Al Jazeera, Empire; Social Networks, Social Revolution
Saturday, 12 February 2011
Iceland is the Answer
Artículo del blog No sin mi bici, de Luis Picazo Casariego
Ha ocurrido en la mismísima Europa (en el sentido geopolítico), en un país con la democracia probablemente más antigua del mundo, cuyos orígenes se remontan al año 930, y que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano de 2007/2008. ¿Adivináis de qué país se trata? Estoy seguro de que la mayoría no tiene ni idea, como no la tenía yo hasta que me he enterado por casualidad (a pesar de haber estado allí en el 2009 y el 2010). Se trata de Islandia, donde se hizo dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su execrable política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución. Y todo ello de forma pacífica: a golpe de cacerola, gritos y certero lanzamiento de huevos. Esta ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido hasta la crisis actual. He aquí por qué no se han dado a conocer apenas estos hechos durante dos años o se ha informado frivolamente y de refilón: ¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo? Y de paso confirmamos, una vez más por si todavía no estaba claro, al servicio de quién están los medios de comunicación y cómo nos restringen el derecho a la información en la plutocracia globalizada de Planeta S.A.
Esta es, brevemente, la historia de los hechos:
A finales de 2008, los efectos de la crisis en la economía islandesa son devastadores. En octubre se nacionaliza Landsbanki, principal banco del país. El gobierno británico congela todos los activos de su subsidiaria IceSave, con 300.000 clientes británicos y 910 millones de euros invertidos por administraciones locales y entidades públicas del Reino Unido. A Landsbanki le seguirán los otros dos bancos principales, el Kaupthing el Glitnir. Sus principales clientes están en ese país y en Holanda, clientes a los que sus estados tienen que reembolsar sus ahorros con 3.700 millones de euros de dinero público. Por entonces, el conjunto de las deudas bancarias de Islandia equivale a varias veces su PIB. Por otro lado, la moneda se desploma y la bolsa suspende su actividad tras un hundimiento del 76%. El país está en bancarrota.
El gobierno solicita oficialmente ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), que aprueba un préstamo de 2.100 millones de dólares, completado por otros 2.500 millones de algunos países nórdicos.
Las protestas ciudadanas frente al parlamento en Reykjavik van en aumento. El 23 de enero de 2009 se convocan elecciones anticipadas y tres días después, las caceroladas ya son multitudinarias y provocan la dimisión del Primer Ministro, el conservador Geir H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque. Es el primer gobierno (y único que yo sepa) que cae víctima de la crisis mundial.
El 25 de abril se celebran elecciones generales de las que sale un gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la nueva Primera Ministra Jóhanna Sigurðardóttir.
A lo largo del 2009 continúa la pésima situación económica del país y el año cierra con una caída del PIB del 7%.
Mediante una ley ampliamente discutida en el parlamento se propone la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.
En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos. La revolución islandesa consigue una nueva victoria de forma pacífica.
El FMI congela las ayudas económicas a Islandia a la espera de que se resuelva la devolución de su deuda.
A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden internacional de arresto contra el ex-Presidente del Kaupthing, Sigurdur Einarsson.
En este contexto de crisis, se elige una asamblea constituyente el pasado mes de noviembre para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa. Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas. La asamblea constitucional comenzará su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país. Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.
Y para terminar, otra medida “revolucionaria” del parlamento islandés: la Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación (Icelandic Modern Media Initiative), un proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión. Se pretende hacer del país un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información donde se protegan fuentes, periodistas y proveedores de Internet que alojen información periodística; el infierno para EEUU y el paraíso para Wikileaks.
Pues esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis, reescritura de la constitución por los ciudadanos y un proyecto de blindaje de la libertad de información y de expresión. ¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos? ¿Se ha comentado en las repugnantes tertulias radiofónicas de politicastros de medio pelo y mercenarios de la desinformación? ¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no. Debe ser que a los Estados Unidos de Europa no les parece suficientemente importante que un pueblo coja las riendas de su soberanía y plante cara al rodillo neoliberal. O quizás teman que se les caiga la cara de vergüenza al quedar una vez más en evidencia que han convertido la democracia en un sistema plutocrático donde nada ha cambiado con la crisis, excepto el inicio de un proceso de socialización de las pérdidas con recortes sociales y precarización de las condiciones laborales. Es muy probable también que piensen que todavía quede vida inteligente entre sus unidades de consumo, que tanto gustan en llamar ciudadanos, y teman un efecto contagio. Aunque lo más seguro es que esta calculada minusvaloración informativa, cuando no silencio clamoroso, se deba a todas estas causas juntas.
Algunos dirán que Islandia es una pequeña isla de tan sólo 300.000 habitantes, con un entramado social, político, económico y administrativo mucho menos complejo que el de un gran país europeo, por lo que es más fácil organizarse y llevar a cabo este tipo de cambios. Sin embargo es un país que, aunque tienen gran independencia energética gracias a sus centrales geotérmicas, cuenta con muy pocos recursos naturales y tiene una economía vulnerable cuyas exportaciones dependen en un 40% de la pesca. También los hay que dirán que han vivido por encima de sus posibilidades endeudándose y especulando en el casino financiero como el que más, y es cierto. Igual que lo han hecho el resto de los países guiados por un sistema financiero liberalizado hasta el infinito por los mismos gobiernos irresponsables y suicidas que ahora se echan las manos a la cabeza . Yo simplemente pienso que el pueblo islandés es un pueblo culto, solidario, optimista y valiente, que ha sabido rectificar echándole dos cojones, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.
El país ya ha iniciado negociaciones para entrar en la Unión Europea. Espero, por su bien y tal y como están poniéndose las cosas en el continente con la plaga de farsantes que nos gobiernan, que el pueblo islandés complete su revolución rechazando la adhesión. Y ojalá ocurriera lo contrario, que fuera Europa la que entrase en Islandia, porque esa sí sería la verdadera Europa de los pueblos.
Saturday, 22 January 2011
Conspiracy Theories
Wednesday, 19 January 2011

http://www.rollingstone.com/politics/news/the-great-american-bubble-machine-20100405
Shame there's nothing anyone can, or is going to, do about it.
Monday, 10 January 2011
Programmed Obsolesence
Wednesday, 29 December 2010
We don't choose the stuff we buy, the stuff we buy chooses us
Decentering of the subject
(From Firat and Venkatesh Postmodernity: The Age of Marketing; 1993)
The modernist project placed the human
being at the center, as the subject-that is,
as the agent that acts through and upon
others; nature and objects. The Cartesian
idea of the subject, as it is known, has dominated
modern thought. This subject is endowed
with the ability to act independently
and autonomously in the choice and pursuit
of one’s goals. This subject is also constituted
in terms of the separation between the body
and the mind (Rorty, 1979, pp. 142-145); a
precondition for the subject to graduate from
a state of being to a state of knowing. The
existential subject has now become the cognitive
subject. Knowledge acquisition for this
subject is possible by separating or distancing
oneself from a pure experience of being in
order to cievelop a cognitive understanding
of being; its context and conditions. Modern
society is organized to reflect and actively
promise the potential of the cognitive subject
by providing the knowledge and the means to
act through science and technology, The
products of modernity (of science) arc really
meant to serve the ‘subjects’ of modernity.
Postmodernists see this narrative of
modernity to be mythical or illusory. According
to them, there is, a confusion between
the subject and the object (products of the
market) as to who or what is in. control
(Hassan, 1987; Jameson, 1983). Rather than
the subject controlling the circumstances and
processes of life in one’s interactions with
the object, the objects are viewed as determining
the conditions and procedures of
consumption (Baudrillard, 1983b). In driving
cars, using microwave ovens, washing machines,
computers, and the like, the human
being is generally the follower of instructions,
the correct ways of doing things. One’s
actions are determined by the features and
structures of the products. One can as easily
visualize that the role of the human being is
to allow products to perform their functions
rather than products enabling the achievement
of human goals. Concerns for the health
of the economy, the market, often seem to
override the concern for the goals of individuals
in policies adopted by the state and/or
corporations.
The confusion between the subject and
the object is further reinforced by the fact
that consumers tend to perceive themselves
as marketable items. This tendency is reinforced
by the marketing system in encouraging
representations of oneself as images. The
marketing orientation dominates not only the
positioning of products in the market by organizations,
but also in positioning of the
consumer itself, say, in the social market
(Far-at, in press). As briefly discussed earlier,
consumers assume different images and personalities
in different situations to make
themselves acceptable in each case. This is
much in evidence in today’s “body” culture.
For example, many consumers, male and female,
are increasingly buying plastic surgery
and body implants to customize parts of their
bodies to cultural expectations. There is a
distancing of one’s own gaze from one’s own
body to “view” oneself and scrutinize
one’s own images, assessing each fragmented body
part in terms of its contribution to these
images. This scrutiny often occurs from the
perspective of the other; that is, not from
one’s own, autonomous perspective, but from
the perspective of cultural expectations which
are internalized by the consumer (Emberley,
1987; Kroker and Kroker, 1987). This is really
a test of how well we fit the images
required for success. In this sense, fashion
becomes the metaphor for culture (Faurschou,
1990; Sawchuk, 1987). Such objectification
of one’s own body and self allows one
to be consumed; just like a product, acting
only to fulfill a prespecified function determined
by the market system. Specifically,
consumers become products consumed for
the production of other objects, in the offices,
production lines, and elsewhere.
